martes, 18 de marzo de 2008

Carolina Baldini, la mujer de Simeone


Separación. Terceros en discordia. Amores clandestinos. Intereses económicos. Traiciones e infidelidades. Los rumores que circularon en las últimas semanas incluyeron absolutamente todos los tópicos característicos de los culebrones y obligaron a Diego “Cholo” Simeone (37) y a Carolina Baldini (32) a transitar uno de los momentos más difíciles de su relación. Ambos negaron, una y otra vez, que su separación fuera un hecho y, públicamente, le restaron importancia a los rumores. Sin embargo, por primera vez, Carolina acepta dialogar con CARAS para contar toda su verdad y despejar así ciertas sospechas que, según dice, podrían terminar dañando a los tres hijos —Giovanni (12), Gianluca (9) y Giuliano (5)—, que la modelo tuvo en sus 14 años de matrimonio con el DT de River Plate. Entonces, ahora Carolina Baldini, finalmente, acepta: “Sí, con Diego estamos distanciados”.

—Sin embargo, hace apenas unos días su marido negaba la separación.

—Sí, es verdad. Ambos lo negábamos públicamente. Porque tenemos tres hijos y una familia hermosa que queríamos resguardar. Y pensamos que esa era la mejor manera. Hasta que todo se nos fue de las manos.

—¿Se les fue de las manos a partir de la publicación de las fotos que, supuestamente, mostraban su infidelidad?

—No. Esas fotos fueron una cosa más en la cadena de pavadas que se dijeron. Por eso ahora estoy acá, aclarando todo y confirmando que con Diego decidimos poner distancia en nuestra relación.

—¿Desde cuándo?

—No sé exactamente desde cuándo, pero hace meses que estamos distanciados.

—Pero, entonces, cuando empezaron a escucharse los rumores sobre su separación, ¿ya estaban en un impasse?

—Sí. Y los chicos lo sabían. Siempre estuvieron al tanto de todo. Ellos toman lo que sucede con naturalidad. A veces, me da tristeza porque en el colegio les preguntan un sinfín de cosas, y sufren un poco. Pero Diego y yo tenemos un diálogo impresionante con nuestros hijos, y les dijimos: ‘Ustedes ya saben: cualquier cosa que les vengan a decir que mamá esto o papá aquello, nos lo dicen, y nosotros les vamos a decir la verdad’. Y ellos lo hacen. Están tranquilos, no viven esto como una tragedia. Nosotros tampoco se los transmitimos como un drama porque, al fin y al cabo, no es la muerte de nadie. Es un distanciamiento, como los que tienen millones de parejas en todo el mundo. En la vida hay momentos de tristeza y de alegría. Nosotros estamos tratando de resolver en el día a día lo que nos pasa.

—¿Qué les pasa? ¿Por qué apareció esta crisis?

—No, crisis no es lo que vivimos. Una crisis es más fuerte. Esto es un distanciamiento. Porque después de diesiséis años de estar juntos hay situaciones que te llevan a pensar que es mejor tomarse un tiempo para darle aire a la pareja. Pero entre nosotros está todo bien: él viene a casa, tomamos mate juntos, pasa a buscar a los chicos. Nos llevamos muy bien juntos, en familia. Somos muy compañeros. Pero como pareja tenemos que ordenar algunas cosas.

—¿El amor entró en crisis?

—No, el amor no.

—¿Sigue enamorada de su marido?

—No sabría decirlo en este momento. Pero lo que te puedo asegurar es que esta es la manera que encontramos para que la pareja pueda tomar oxígeno. Para que después, tal vez logre reencontrarse.

—¿Piensa que pueden volver a estar juntos?

—No sé, eso lo veremos en el día a día.

—¿En qué consiste la distancia que decidieron tomar? ¿Viven juntos?

—Hace tiempo que no. Él vive en un departamento en Puerto Madero. Un departamento de los millones que tenemos de antes, que no compramos a partir de la decisión de distanciarnos por lo que nos pasa hoy.

—¿Fue una decisión de común acuerdo?

—Por supuesto. Hablamos mucho antes de hacerlo.

—¿Y a esa distancia le pusieron condiciones como, por ejemplo, que ninguno de los dos intente otra historia de amor?

—No, no pusimos condiciones. Pero todavía estamos casados. Y si bien cada uno puede hacer lo que quiere, también sabe qué hacer y qué no, si quiere respetar al otro. Yo no puedo obligar a Diego a no estar con otra persona, ni él puede obligarme a mí.

—¿Usted estaría dispuesta a intentar otra relación?

—Eso no te lo voy a decir.

—¿Con su marido están tratando de salvar la pareja o de hacer la separación lo más paulatina posible?

—Estamos tratando de reordenar ciertas cosas.

—Y usted, ¿cómo se siente?

—Y… Hay momentos en que me siento bien, súper independiente; y otros en que estoy mal. A veces siento que todo esto me mata. Mi humor varía con facilidad. De todos maneras, espero que sea para mejor y que las cosas se solucionen.

—¿Que vuelvan a estar juntos, quiere decir?

—O no. Que encontremos la manera de estar bien los dos.

—¿Y las alianzas? ¿Ya no las usan?

—Hace mucho que no las usamos. Tuvimos, pero nos las quitamos hace mucho tiempo, fue en una tarde de tormenta… Después, no nos las volvimos a poner. De todos modos, una alianza no significa demasiado.

—Además de los rumores, la semana pasada aparecieron publicadas unas fotos en las que usted está con otro hombre en una playa de San Bernardo…

—Fotos en las que no estoy haciendo nada raro —interrumpe Carolina—. Son fotos normales, como le pueden sacar a cualquiera. Tanto es así que Diego lo tomó con naturalidad, porque… Te voy a explicar. Desde que lo conozco a Diego, voy a San Bernardo porque él pasa ahí sus vacaciones, al igual que sus padres que frecuentan ese balneario desde que eran jóvenes. Y a Diego le gusta seguir yendo, porque ahí tiene a sus amigos de toda la vida. Por eso estaba ahí en el verano.

—¿Quiere decir que en San Bernardo, cuando le hicieron esas fotos, estaba con la familia de su marido?

—Sí, con el papá, la mamá y las hermanas. Diego me había dicho que fuera a Mar del Plata y…

—¿Pero no me dijo que ya en ese momento estaban distanciados?

—Sí, pero, obviamente, él quería estar cerca de los nenes. También estuvimos juntos en Punta del Este durante el verano. Y estábamos distanciados. Ya te digo que nosotros nos llevamos muy bien, así que esta distancia no va a privarnos de seguir yendo juntos a algunos eventos. La otra vez, estuvimos en el desfile de Ricky Sarkany. Y también estábamos distanciados.

—¿Y aun estando distanciada de su marido se fue de vacaciones con su suegra?

—Sí, porque tengo una excelente relación con la familia de Diego, y mis hijos tienen muchos amigos allí. Porque cuando Diego tenía pretemporada, antes de irme sola a algún lugar, prefería irme con los padres de él a San Bernardo. Todos tenemos amigos en ese lugar. Siempre fue así. Lo que pasa es que ahora, al ser más mediática, estoy más observada. En las fotos no estoy haciendo nada raro. Estoy tomando mate con un guardavidas que conozco de otros años, como a mucha otra gente del lugar. Hablábamos porque él tiene una hija de 13 años, que quiere ser modelo. Pero, bueno, la gente habla… Por eso estoy acá para aclarar las cosas. Mis hijos también conocen a Fabián. Ibamos todos a la misma playa, ellos estaban ahí cuando me tomaron las fotos. Pero, ¡oh casualidad!, los chicos no salieron a pesar de que estaban ahí, al lado mío, jugando. Mis suegros también estaban.

—¿Cómo recibió todo lo que se dijo?

—La verdad es que, al principio, duele e indigna. Estuve mal, mal, mal. Y después dije: ‘Haga lo que haga todo puede ser tomado para bien o para mal. Yo sé quién soy. Mis hijos y Diego, también, lo saben. Así que no me interesa lo que digan los demás’.

—Si las fotos se las hubieran tomado a su marido, ¿hubiera reaccionado como él?

—De él se dijo que salía con Julieta Spina. Y yo a “Juli” la conozco bien. A veces, cuando voy al gimnasio para ver a Diego, la encuentro charlando con un grupo de personas.¡Pero por favor!… Si por un momento parece que estuviéramos en 1810… No es que yo sea súper liberal, pero cada uno tiene amigos, amigas. Y me parece bien.

—¿Cree que a veces es mejor hacer la vista gorda?

—No. Vista gorda, jamás. Sé perfectamente que Diego es buen mozo, famoso y que hay muchas chicas que se le tiran encima. Y eso no es hacer la vista gorda, porque sé perfectamente quién cruza la raya y quién no.

—Muchos piensan que en una relación larga, una infidelidad puede ser un “recreo” necesario, saludable.

—Yo no, para nada. Siempre tuve una pareja tradicional, pero también los dos siempre tuvimos amigos y amigas. Y eso no generaba celos, porque los dos sabemos quién es el otro. Y, de última, haga lo que hiciere un tercero, el que dice sí o no es uno mismo. Él puede tener chicas que se le tiran encima pero es él quien decide. Si en algún momento dijera sí, sería él quien me traicionaría y no el tercero en cuestión.

—¿Cree que todo esto es el precio de la exposición pública que usted comenzó a tener el año pasado?

—Creo que sí. A mí me tenían como “la mujer de”, en mi casa, con mis hijos. Y lo sigo siendo eso. Sólo que ahora quiero ser yo, valerme por mí misma. Muchos dicen: ‘¡Con la plata que tiene, para qué se va a arriesgar! ¿Por qué no se queda en la casa o pasa el tiempo comprando ropa?’. Y no es así. La plata no hace a la felicidad.

—También se dijo que la separación les costaba porque no estaban dispuestos a dividir el patrimonio y a “perder” el 50 por ciento de lo que tienen juntos.

—Pero no…. Para nada. Si dividimos a Diego le queda para él, sus nietos y los nietos de los nietos. Y a mí, también. La plata no es el problema. Yo podría seguir viviendo con el mismo confort que ahora y él también, aunque nos separáramos. Las cosas las tenemos divididas desde siempre. Divididas en el sentido en que yo tengo firma en las cuentas bancarias de él, estoy activa. No soy de las mujeres que no saben lo que tiene su marido.

—¿Siempre estuvo en claro que el dinero era de ambos?

—Sí. En realidad nunca lo hablamos porque no habíamos pensado en separarnos, pero sabemos que si eso sucediera las cosas se dividirían como hace todo el mundo. La plata a mí no me hace nada, no hace mi felicidad. Yo voy en busca de ser alguien.

—¿Cree que la pareja puede haberse resentido por su decisión de volver a trabajar, por sus deseos de independencia?

—No, porque Diego me sigue apoyando en eso. Como yo lo apoyo en sus proyectos. Aunque estamos distanciados, voy a la cancha para apoyarlo. Sólo queremos arreglar cosas de nuestra pareja y creemos que para eso lo mejor es esta distancia.

—¿Se arrepiente de algo?

—No. Tampoco de haber salido a luchar por mi sueño personal

—Dice que no sabe si está enamorada. ¿Sería capaz de seguir adelante con un proyecto familiar si no amara a su pareja?

—Para mí es importante estar enamorada. Y justamente porque ni Diego ni yo nos conformamos con una relación tibia es que queremos ver si podemos recuperar cosas que con el tiempo fuimos perdiendo. No me conformo con que todo sea lindo, con tener la mejor casa y el mejor auto. No me conformo con eso. Lo real de la vida se lleva dentro. Lo que vale en una familia son los sentimientos. No podría estar al lado de alguien por quien no siento nada. Pero acá hay cosas que se fueron perdiendo.

—¿Y cómo sabe si la relación aún funciona? ¿Cuál es la medida?

—Eso se siente dentro del alma. No es mensurable: lo sentís o no. No cabe otra explicación. Uno sabe cuándo una relación le resulta insatisfactoria.

—A pesar de estar atravesando este momento difícil, ¿sigue adelante con el proyecto de participar en “Bailando por un sueño”?

—No sólo eso. También sigo adelante con la idea de poner con una amiga una casa de ropa, y ya tengo una propuesta para hacer un trabajo de diseño para una marca. Con respecto a “Bailando…”, estoy entrenando todos los días, tres horas, con mi coach, “Chipi” (se refiere a Mariela Anchipi, la nueva novia de Dady Brieva). No es fácil para mí. Por todo esto, le tengo que poner más garra que nunca. Pero bueno, estoy un 80 por ciento de mi rendimiento. Igual, confío en que “Chipi” me va a sacar buena.

—Chipi es la nueva novia de Dady Brieva y, justamente, en estas semanas su nombre sonó más fuerte que nunca en los medios de comunicación. En los entrenamientos, ¿compartían los sinsabores que trae aparejada la vida pública?

—Sí, lo hablamos. Pero no quiero decir nada sobre ese tema. Preguntale a ella.

—Ahora que usted volvió a la actividad pública, ¿no cree que todo esto pudo haberla beneficiado al permitirle una mayor exposición?

—No, para nada. Las mentiras que se han dicho no me benefician porque dan una imagen mía que no es real.

—En el ambiente del fútbol debe de ser más complicado seguir adelante con tantos rumores que en el modelaje. De hecho, en el último partido que jugó River, hubo carteles que hacían referencia a su situación personal.

—Claro, por eso yo también el otro día fui a la cancha. No fui a ver el partido de Estudiantes, pero sigo yendo a la cancha. Porque sé que el ambiente del fútbol es un muy machista, es difícil. Y esto lo puede perjudicar. Cuando voy, lo hago para llevar a los chicos pero, también, para apoyar a Diego y protegerlo de esa situación. Y lo seguiré haciendo.

—Usted tiene muchas cosas para disfrutar. ¿Puede hacerlo en este difícil momento sentimental?

—Y… esta no es una etapa plena de alegría. Y lo que nos pasa, le quita un poco de brillo a todo. Pero supongo que pasará. Con Diego nos queremos, hablamos mucho. Tenemos muchas cosas en común. Sólo nos falta sentir que ambos nos subimos al mismo tren otra vez, como antes. Finalmente, los dos estamos en lo mismo: buscamos la felicidad.

Revista Caras